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Muchas son las causas que concurren en la producción masiva de residuos. Probablemente nunca una civilización identificó tanto la calidad y el nivel de vida con la posesión de bienes materiales, ni les confirió un valor tan fugaz, que al poco tiempo de poseerlos sintiera la ineludible necesidad de cambiarlos por otros nuevos.

Por otro lado, el ritmo comercial de nuestra sociedad, la continua conquista de nuevas metas tecnológicas y la errónea creencia de los recursos naturales inagotables, son algunos de los factores que contribuyen a la actual producción de residuos en las sociedades de consumo.

La generación per cápita de residuos sólidos se ha incrementado en las últimas tres décadas, casi siete veces; sus características han cambiado de biodegradables a elementos de lenta y difícil degradación, generando la ineficiencia de los sistemas tradicionales de reducción y disposición final.


Los residuos, abandonados a la intemperie en los basurales, no sólo afectan al paisaje, sino que al deteriorarse y descomponerse, generan situaciones peligrosas para el ambiente y la salud.

En primer lugar, los basurales generan contaminación, o sea una alteración del estado natural del ambiente que se manifiesta en modificaciones de las características del agua, el suelo y el aire. Estos elementos contaminados  por residuos se vuelven aptos para la difusión de una larga lista de enfermedades, acarreadas por cerdos, roedores, insectos, parásitos y otros vectores; esto conforma una emergencia sanitaria permanente.

Por último, una emergencia social: el fenómeno del cirujeo en los basurales a cielo abierto se desarrolla en situaciones muy críticas para la salud y la seguridad de las personas.

De todo esto, deducimos que la problemática de los residuos implica la toma de decisiones y asumir actitudes individuales responsables, para encontrar soluciones integrales entre todos los actores involucrados en el ciclo de producción y consumo. Cada comunidad debe asumir responsablemente la búsqueda de soluciones eficientes y adecuadas a sus recursos disponibles, con el objetivo de identificar un proceso de gestión integral de residuos eficaz y con el mínimo costo financiero y social.

            Dicha gestión tiene desde nuestro punto de vista un eje de desarrollo basado en los cambios de hábito de nuestra sociedad en su relación con los residuos, y es el Estado quien tiene la oportunidad y responsabilidad de promover dichos cambios, articulando y comprometiendo en su gestión a las diferentes instituciones educativas, organizaciones comunitarias y empresas privadas.
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