Las claves para que las lluvias se vuelvan catástrofes
15/06/2017 | El desmonte, el monocultivo y el avance inmobiliario que modificó escurrimientos de agua naturales explican, en parte, el terrible impacto de las inundaciones sobre 11 provincias argentinas, donde -según proyecciones climáticas- seguirá lloviendo.
Científicos, funcionarios, organizaciones sociales y ambientalistas coinciden en que el monocultivo, el avance inmobiliario que modificó escurrimientos de agua naturales y la deforestación explican, en parte, el terrible impacto de las inundaciones sobre 11 provincias, donde -según proyecciones climáticas- seguirá lloviendo.

La queja compartida en ámbitos académicos, científicos y en organismos no gubernamentales es que "quienes gestionan provincias y municipios consultan a los especialistas sólo cuando se producen los desastres, para saber por qué ocurrieron, pero no antes, a la hora de tomar decisiones" que afectan el manejo del suelo, el diseño urbano o el curso de las aguas.

El país tiene unos 40 millones de hectáreas anegables y casi la mitad de esa superficie está localizada en la Pampa Húmeda, subrayó el director de Suelos del INTA, Miguel Taboada, quien vinculó esta circunstancia a que en el último cuarto de siglo se perdieron unas 12 millones de hectáreas de pasturas y pastizales, que fueron reconvertidas en áreas sembradas, sobre todo en el NOA y NEA.

Argentina perdió el 12% de sus zonas forestales entre el 2001 y el 2014, según un informe del año pasado del Banco Mundial, que detalló que "casi toda la deforestación ocurrió en el norte" del país y que en Santiago del Estero se dieron "los mayores niveles de desmonte en el mundo".

El estudio ubicó al país en el noveno puesto a nivel mundial entre los países que más desperdiciaron su cubierta forestal, y advirtió que esa pérdida equivalía a la desaparición de "un bosque del tamaño de una cancha de fútbol" por minuto.
Según datos del Global Forest Watch, entre el 2001 y el 2014 Argentina sufrió una brutal pérdida de bosques, equivalente al 8% del total deforestado en Sudamérica.

Los especialistas advirtieron que el verdadero problema está en cómo los gobiernos, empresarios y la sociedad en general desoye algo que la naturaleza está avisando hace siglos.

Si se talan los bosques nativos, se destinan grandes extensiones a monocultivo y se construye sobre humedales -reservorios de agua que evitan las inundaciones- las lluvias y el desborde de ríos seguirán siendo incontenibles.

El subsecretario de Gestión Integral del Riesgo (Sinagir), del Ministerio de Seguridad de la Nación, Marcelo Rozas Garay, resaltó que actualmente hay una mayor conciencia sobre la problemática ambiental, pero aceptó que llevará años mejorar las condiciones y que "no sólo faltan obras, sino también políticas sobre manejo de suelos".

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ubicó a Argentina entre los diez países que más desmontaron durante los últimos 25 años. En ese lapso, se perdieron 7,6 millones de hectáreas, una superficie similar a la de la provincia de Entre Ríos (a razón de 300.000 hectáreas al año).

"Una hectárea con bosques absorbe diez veces más precipitaciones que una hectárea con soja", aseguraron desde Greenpeace.

Para el INTA, "todavía falta destinar grandes esfuerzos y mayor responsabilidad a la forma en que se manejan los suelos porque eso incide en la gravedad, en la velocidad y en la duración de los procesos de inundaciones".

Inés Camilloni, titular de la Maestría en Ciencias Ambientales de la UBA e investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA-Conicet/UBA), consideró que el "compromiso social" de los científicos debe estar dirigido a la "alfabetización sobre cambio climático".

En el libro "La Argentina y el Cambio Climático. De la Física a la Política", que Camilloni escribió junto a Vicente Barros, experto en climatología e investigador del Conicet, se reseñó que en las inundaciones del 2007 en Santa Fe -por ejemplo- y en la provincia de Buenos Aires, se dieron "situaciones anárquicas" en las que cada productor defendía sus tierras construyendo diques o derivaciones de agua en forma discrecional, y que incluso algunos representantes del Estado sufrieron amenazas.

A fines de 2007, el Congreso Nacional aprobó la Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, que recién fue reglamentada en 2009, luego de un insistente reclamo de organizaciones sociales y ambientalistas.

Si bien la norma puso algo de frenos al desmonte, ocho años después, los fondos asignados en el Presupuesto Nacional no alcanzan para la puesta en práctica total de la ley, según fue admitido por el propio Ministerio de Ambiente de la Nación, y todavía varias provincias que no completaron el ordenamiento territorial de sus bosques.

A todo esto se suma la demora en la sanción de la Ley de Humedales, aprobada con dificultad en el 2016 en el Senado, pero todavía no avanzó en Diputados por el "rechazo de los sectores agroindustriales", denunció Nápoli.

Fuente: Telam


Red Escuelas Verdes
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Después de una tormenta, el caracol parece posar para el fotógrafo bajo una flor cubierta de rocío. Esta fotografía ha sido tomada por Vyacheslav Mishchenko en Berdychiv (Ucrania). Via: 35photo.ru Autor: allpe
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