¿Por qué nos hemos sentido superiores a la naturaleza? Reflexiones en la pandemia
19/05/2020 | Que decenas de tribus indígenas del mundo encabecen desde los 70´s buena parte de los movimientos en defensa de la Tierra, no es casualidad. En algún momento, “la sociedad civilizada, la del progreso”, extravió el camino.
Algunos ubican este desvío desde el descubrimiento de la agricultura: apuntan a que con este hallazgo el humano consiguió ‘un poco más de seguridad alimentaria’, y a lo mejor, ‘se nos subió’. Quizás porque descubrimos ‘las mieles’ de no peligrar al cazar animales o al recolectar hierbas, algunas malas hierbas, o el ser acechados por las especies salvajes como cuando la humanidad era nómada.

Algunos geólogos, entonces, sitúan el descubrimiento de la agricultura como  el inicio de la ‘era antropocena’. Por primera vez acumulamos alimento como nunca antes: esto a su vez aceleró el desarrollo de las artes y la cultura, pero también generó un cambio de mentalidad por  la concentración de capital, y una actitud de mucha mayor dominación hacia la naturaleza. La domesticación de animales también formó parte de este cambio de cultura, la ilusión de  ‘controlar a la naturaleza’, de estar por encima de ella.  

Ahora, sin idealizar al hombre nómada, y a las sociedades indígenas actuales, es verdad que su relación con la naturaleza es de mayor respeto y veneración: aún hoy múltiples comunidades nativas honran a deidades-animales, la naturaleza se funde con su espiritualidad; es decir, su sentido tanto existencial como de supervivencia está ligado al todo con el entorno natural.

El brutal antropocentrismo

Como sabemos, la geología ha dividido la historia de la Tierra en eras, a su vez separadas a partir de cambios significativos que marcaron un antes y un después. La mayor parte de estas transformaciones fueron provocadas por fenómenos naturales: como la llegada de un meteoro o el cambio climático de la Tierra, pero, desde el año 2000,  el holandés Paul Crutzen acuñó el término antropoceno para nombrar a una era, la primera en la historia del mundo en la que el cambio significativo ha sido provocado por una sola especie: los humanos. Como antecedente de esta idea,  el geólogo  Antonio Stoppan había designado el término Antropozoico en el siglo XIX para definir una nueva era geológica afectada por la actividad de la humanidad.

Y así, mientras algunos ubican la era antropocéntrica desde hace 100 años cuando empezamos a ensuciar más que nunca el mundo, con la Revolución Industrial, otros los sitúan al inicio de la agricultura, (aunque quizás te suene que esto fue hace ‘mucho tiempo’, en realidad es poco considerando que los humanos llevamos habitando este mundo por lo menos desde hace más de 300 mil años).

Sentirnos superiores a la naturaleza y sus consecuencias

En una conferencia llamada ‘El Hombre y su Planeta’, en 1959, Aldous Huxley citaba uno de los libros pioneros que hablaba de cómo el hombre generaba cambios nocivos en el equilibrio de la naturaleza, se trataba de un escrito de George Perkins Marsh de 1865. Para Huxley “ la verificación de que el hombre es un transformador de la naturaleza no empezó hasta fines del siglo XVIII”.

Lo anterior es gravísimo ya que es una muestra de que al ‘hombre civilizado’ durante siglos no le pasó por la cabeza el hecho de que se creía ‘estar por encima de la naturaleza’, simplemente, se consideraba algo ‘natural’.

Otro perfecto ejemplo de esta patológica relación con nuestro entorno es la famosa carta que el Gran Jefe Seattle de la tribu de los Swaminsh envió en 1854 al presidente de Estados Unidos de ese entonces, Franklin Pierce,  quien intentó comprar las tierras de este grupo. Su respuesta, muestra lo equivocada que estaba la visión del ‘hombre blanco’ respecto al entorno, su fatal idea de ‘progreso’ que hoy nos está llevando a una crisis climática sin precedentes; también, científicos advierten que el Covid 19 tiene que ver con la destrucción de la naturaleza y el habernos sentido tanto tiempo como sus ‘dueños’, y no como parte de esta.

¿En qué momento perdimos el rumbo?


Hoy más que nunca, en estos tiempos de incertidumbre y reflexión,  las palabras del Jefe Seattle resuenan en la conciencia y en el corazón de buena parte de la humanidad, aquí un fragmento:

“¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?, esta idea nos parece extraña. Si no somos dueños de la frescura del aire, ni del brillo del agua, ¿Cómo podrán ustedes comprarlos?”

Via Ecoosfera



Red Escuelas Verdes
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